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Sonora, el esplendido de México

Álamos, un pequeño pueblo en el expansivo desierto mexicano, provoca magia y belleza por Sharon Spence Leib.

 

Álamos, un pequeño pueblo en el expansivo desierto mexicano, provoca magia y belleza por Sharon Spence Leib.

Sonora, el estado más grande de México, toma su tiempo en revelar sus tesoros. Llegando a Hermosillo, “La Ciudad del Sol”, pasamos una tarde inspirante en el Museo de Arte de Sonora. Pasamos en alegría por las galerías que cuentan con arte fascinante de Picasso, Magritte, y Botero. Al siguiente dia, exploramos un poco en el gran desierto de Sonora, tomando la vista de los saguaros respaldados por puestos de taquería y un horizonte infinitivo. Unas horas después, llegamos a Álamos, uno de los encantados “Pueblos Mágicos” de México.

“Bienvenidos a Álamos” anuncia el autor e historia Juan Vidal Castillo, quien nos acompaña en el camión. “Fundada en 1691, Álamos es uno de los más conservados pueblos coloniales. En 1790, éramos en pueblo minero más producente del mundo en plata y cobre. Hoy, Álamos es conocido por sus bellos festivales de arte y música, y por sus lindas haciendas restauradas. En 2001, nos convertimos en un monumento nacional histórico y en 2005, fuimos designados como uno de los 22 “Pueblos Mágicos” de México.

Los colores de la vida mexicana

Nuestro camión navega por callejones empedrados frente a los portales de casonas coloniales de la época española pintados en colores morados, dorados, limos, y anaranjados. Llegamos a Hacienda de los Santos, donde los dueños estadounidenses Jim y Nancy Swickard nos llevan a un mundo lleno de lujo impresionante. El son de la guitarra cruza el patio lleno de buganvilias anaranjadas y rosas. Fuentes dan agua al lado de albercas preciosas. Guanacastes de cientos de años de edad dan sombra arriba de sillones lujosos. Un caballos nos tiene la mirada desde el arroyo por abajo. ¿Quién sabía que el desierto sonorense era un lugar de tanta serenidad?

“Por favor acompáñanos a almorzar en nuestro Agave Café” ofrecen los Swickard. Con guacamole fresca, sopa de taco, tacos de pescados picosos, y margaritas esplendidas, admiramos la decoración elegante de Nancy: paredes brillosas adornadas con pinturas coloridas. Piñatas caseras están colgadas arribas de nuestras mesas—hechas en forma de soles, ángeles, pollos, y incluso hasta Frieda Kahlo.

“Estadounidenses empezaron a mudarse a Álamos en 1946” nos dice Jim. “La gente quería restaurar las mansiones coloniales españoles. Nosotros empezamos a trabajar en la Hacienda de los Santos en 1989, y en 1998 lo abrimos como un hotel boutique de lujo”.

Luego nos enteramos de que en 2005, la gobernadora de Arizona, Janet Napolitano, y el gobernador sonorense, Eduardo Bours, honoraron a los Swickards por sus obras humanitarias en Álamos por medio del premio Álvaro Obregón, nombrado por el presidente revolucionario mexicanos. Ahora, viajeros de todas partes del mundo vienen a Hacienda de los Santos para disfrutar de un destino lleno de habitaciones lindas, albercas, jardines, gastronomía, un spa, y arquitectura española. Toma un curso de cocina y joyería, relájese en La Dulce Vida Spa, y simplemente oiga los pájaros cantando en los árboles.

Música en el desierto

Por todo el año, Álamos sirve como sede de varios festivales de arte y de música. Cada enero, el pueblo explota en canto y baile con el Festival Cultural Dr. Alfonso Ortiz Tirado, presentando opera de clase mundial, orquestas, jazz, y música latina.

Caminado en la noche estrellada, nos encontramos con una banda alegre en la calle. Llamada “la Estudiantina”, los músicos se visten con capas negras dramáticas al estilo de los estudiantes españoles de los 1100s. Tocando guitarras y cellos, cantan canciones de dominio popular mientras caminan por las calles del pueblo. Los seguimos, cantando y chupando vino de un barril puesto arriba de un burro que sigue la procesión. Le toco el cabello y me brinda la mirada, como si dijera “señora, acercase y disfrute de la magia…”

Álamos es romántico de noche, adornado con una corona de estrellas brillantes. Pasamos por un callejón para llegar a la plaza, donde el catedral brilla como una nave especial. Familias bailan en la calle. En este “Pueblo Mágico” llamado Álamos, hay magia en cada rincón.

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