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La colección de tequila de la Hacienda está considerada entre las mejores

 

Las ánimas y los espíritus: Álamos en una copa

 

Estamos regresando de un paseo por las calles de Álamos, Sonora, con los pies adoloridos pero sin ganas de soltar ese espíritu de alegría que parece haber tomado posesión de nuestro cuerpo. Para saciar la sed, sacamos la mano para alcanzar algo de tomar. Y, misteriosamente, aparece una botella de tequila.

 

Con la música de la celebración del Festival Cultural Alfonso Ortiz Tirado reverberando aún en nuestros oídos abrimos la botella de Murmullo Añejo, un regalo sorpresa de nuestro anfitrión y el dueño de la Hacienda de los Santos, Jim Swickard.

 

Según Jim, este tequila se debe tomar con calma y en sorbos, sin limón ni sal (él da clases de cómo apreciar un buen tequila). Así que, entre un caballito y otro, nos encontramos intercambiando historias, inspirados por este elixir delicioso y este pueblo embriagador. Entre una copa y otra, escuchamos el paso de las ánimas de Álamos, mezcladas en la brisa y el murmullo de las hojas.

 

La próxima noche nos informan que el tequila no se toma de noche, sino que tradicionalmente lo toman durante el día. Pero lo que descubrimos es que realmente no hay reglas para el consumo de la bebida nacional de México. Quizás porque es simplemente una bebida para ser compartida y saboreada con los amigos, a cualquier hora y en cualquier lugar. Lo cierto es que estar en Sonora tiene sus ventajas.

 

“A veces el tequila que venden fuera de México difiere de lo que dice la etiqueta,” dice Jim, cuya colección de más de 400 botellas de tequila es una de las más grandes en el país. Y, contrario a lo que muchos piensan, no existe el famoso gusano en el fondo de la botella.

 

No es hasta el final de nuestra jornada que nos platican del Bacanora, un licor pre-colonial destilado del agave pero más fuerte que el tequila, y único en el estado de Sonora. Pero no importa. Aquí, sentados junto a la hoguera en esta fresca noche sonorense, nos prometemos a nosotros mismos y a nuestras amigas las ánimas que, algún día, regresaríamos aquí.

 

 

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